jueves, 4 de mayo de 2017

TRES POR SIETE






      Tras la cortina se oía el borborigmo del mar. El Mediterráneo se había comido el fresco sin nubes de la noche y ahora, imitando a las ballenas, digería sus ácidos nutrientes. Mugía sobre el sueño matutino de Jean Claude. Era temprano aún. Jean Claude despegaba poco a poco los párpados. Ante él  se iba perfilando el dormitorio, con sus rincones, su cómoda, su televisor telefunken, su papel beige. El sol, que nacía en la arpillera,  pintaba prismas en el cielo raso. Abajo, besaba la arena de Blanche Calvet. Jean Claude oyó el chapoteo de las olas contra las raíces al aire en la ensenada, la espuma como hecha de ganchillo, la espuma con pasajera topografía de crepe, batiendo en las rocas.




     Chasqueó la lengua. Notó un sabor agrio al fondo del paladar. Guardaba la misma postura que había adoptado al caer en brazos de Morfeo la noche anterior. Como de costumbre, se había dejado acunar por la radiogaceta. La RTL seguía sintonizada a volumen de crucero.











miércoles, 14 de diciembre de 2016

EL PROYECTO.







     En eso andaba mamá. En secar piñas de monte en la bilbaína. Luego, tras una larga cavilación, las despojaría de escamas con unos alicates. Parecía Ignacio, el dentista. La barra fluorescente chisporroteaba. La cocina y sus objetos alternaban bajo la poca luz, y yo, que ya tenía mis liturgias, recitaba bajito para tornar el miedo. Pasimisí, pasimisá, por la Puerta de Alcalá.... Al cabo de apagarse completamente, el tubo revivía. El anillo de casada de mamá de nuevo se veía gordo . Como ya tenía hábito, mamá había seguido imperturbable con su proyecto navideño. Antes había sacudido la piña encima del trapo extendido sobre la tabla de picar. Los piñones caían con sonido de semilla. Los piñones de las piñas del monte son como uñitas negras incrustadas como en alas de mosca. Se comen, pero tienen muy poca carne. La mayoría de estos diminutos péndulos se queda en las bandejas deslizantes del horno. Basta con vaciarlas luego en el calderín. Es sencillo. Pero hay piñones que resisten hasta el final bajo la escama. En el horno de una bilbaína las piñas del monte abren bien. Una vez limpias las puedes mirar mientras aún están calientes. Tal vez al observador no le quede otra que tapar la boca para discurrir. Y en eso andaba mamá. En taparse la boca con la mano, enfrascada en cómo abordar la tarea siguiente. Victorina entró como un gorrión perdido. Abrió la puerta de la nevera y se quedó iluminada por el caudal de luz, buscando algo que casara con su nuevo paradigma.

     La hice reír. Me salió al compás del chisporroteo. Le pregunté : "¿vas a batir esas yemas?." Se giró para que no la viera pero el azulejo me devolvía su sonrisa. No hablaba. Contenía el aliento. En condiciones normales habría saltado como una culebra. Llevaba meses de mal humor. Apenas le dirigíamos la palabra por no enfrentarnos a su cólera. Victorina (Vicky para los amigos) sólamente pensaba en el jazz, en la fotografía, en viajar a Londres, ser vegana en otro medio, en uno más propicio,  y  convertirse en una Dorothea Lange. Su cuarto era una escombrera, un estercolero según mamá. "Es la edad.", decía papá. "Yo a su edad no era así. Y tú tampoco. Así que no me empieces con la edad. Tú, Carmiña, Dios quiera que no te vires como tu hermana." El silencio de Victorina duraba demasiado. Para mi eso era toda una señal. Estaba a punto de lograr mi objetivo, conque le repetí: "¿Vas a batir esas yemas, o qué?" Fue entonces cuando estalló. Se giró y vi como le saltaban los mocos. Durante cinco minutos no dejamos de mirarnos y contener las lágrimas, no dejamos de agarrarnos la tripa y sentir algo muy próximo a la complicidad, algo que nunca más, desde aquel día, volveríamos a sentir. En un plato hondo, sobre la encimera, dos mitades de melocotón en almíbar tomaban el pulso al fluorescente de la cocina.










viernes, 2 de diciembre de 2016

PARÍS (del libro "Poemas de talco" de Carmen Andrade)








     Sabemos por cartas de navegación que el párpado de los peces tiembla. Sus órbitas se llenan de gas debido a la desidia humana. Los especímenes muertos se acumulan así a flote.

     En el Louvre a cierta distancia en traje de buzo, los pomos apuntan a Normandía. Rousseau fallece. La lluvia pica zapatos en la región de los truenos, espina, relámpago, cálida pólvora por los hombros diurnos.

     Es lunes. Hoy tus uñas saben a aluminio, la piel de la cobardía, un rosario de penitentes acoge. Mujeres pálidas en camisón tal vez habitan encharcados teatros y ese tiritar de piedra. Se deshilachan las nubes, han venido tarde este año. No se oye el canto de la tórtola ni vaga la alondra. Pintados en el cielo cuelgan todos los enigmas.

     Quien mira al cielo enhebra un temblor, quien va a la caza de foráneos no vuelve hasta la Epifanía. La lluvia pica zapatos de anticuario, es el orden que nos contempla. Así sea el gemido de una llegada, calzar el miedo y pisar con sospecha cornamentas de un diluvio, huesos de monje enterrado. Compás, cuero, muda nieve perpetua tras la retina. Un brillo en estado incipiente. No trotan los ciervos ni hay nudos de higuera. Se adormila en uniforme Rousseau en el Louvre. Del Sena viene un murmullo que sólo conocen los fotógrafos para evitar la polilla. París no es nombre de viento. Redacta su espanto con carga eléctrica. Por aquí no se oye el canto de la tórtola ni se hace al invierno la alondra. París brama, en el Louvre en traje de buzo a cierta distancia un torso.












viernes, 18 de noviembre de 2016

CHARING CROSS

   





     El pequeño viste parka Montgomery café con leche, con botones de colmillo. Sigue, lo mejor que puede, el paso desbocado de su madre. Camina sin cadencia, trota a veces, como enfundado en un disfraz de hojalata. Su mamá tira de él, lo remolca. Su mamá también draga la acera con una Samsonite del 89. Él hace lo propio con una maletita de cuadro escocés . El pequeño piensa: "No soy de goma". No iba en serio lo de "mami, mira, soy de goma", cada vez que hacía el pino sobre la moqueta del salón. ¡Qué bien lo pasaba! Pero esto no es la moqueta del salón, ni es una soleada mañana de sábado. Si el pequeño James pudiese apoyar su oreja en el pecho de su madre, como hace a la hora de dormir, oiría tambores Sioux, Sioux montando potros salvajes, rompiendo la tierra de Dakota. "¿Dónde está Dakota, mami?". "En un país muy, muy lejos".

     Londres, en noviembre, se cubre de nubes color gato shorthair. Los días encapotados como el de hoy, a las tres se hace de noche.  Desde Millman Street a Charing Cross hay milla y media. Una distancia interminable si la tienes que cubrir a pie bajo la lluvia. ¿Dónde están los minicabs cuando de verdad necesitas uno? La prematura noche empapa las esperanzas de toda una ciudad. La lluvia de noviembre jarreando del cielo negro resbala por el flequillo, y luego por el rostro del pequeño James, la misma lluvia que se podría confundir con sus lágrimas. Sí, podría llorar y nadie lo notaría. Podría llorar como llora en su habitación cada vez que los gritos se ahogan en el papel estampado.

    Si fuera capaz de oír el pensamiento de su madre, el pequeño James oiría: "Russell, bastardo! That was the last straw!".  Querría ser capaz, querría poder colarse bajo el cabello de su madre, bajo su oscuro cabello de la Campania, saber qué se cuece ahí. Hacer lo mismo que ella hace con él. La mamá del pequeño James lee lo que el niño piensa con precisión de orfebre. "Deja que adivine: estás hambriento". "¿Cómo lo sabes, mami?" ."Deja que adivine. Estás sediento". "No. Has fallado". "No es verdad; yo nunca fallo". El pequeño se queda mudo con los ojos de par en par. "Tienes razón, te mentí. ¿Cómo es que siempre aciertas, mami?"

     La cabeza de Katty trabaja como un proyector Chad Valley. Va hacia delante y hacia atrás. Hacia atrás, "Russell, Bastardo, That was defenitely the last straw". Hacia delante: Embankment , luego South Kensington , y de ahí, media hora en tren hasta el pisito de la abuela en West Hounslow, una de esas viviendas sociales que el gobierno prácticamente regaló a sus moradores. De la noche a la mañana dejaron su condición de inquilinos. Se convirtieron en propietarios, owners de pleno derecho. Eran tiempos difíciles pero ya no había que alquilar un Mercedes SLK para viajar en agosto a Caserta. Presumir de lo bien que les iba en la City y regresar a primeros de septiembre al hacinamiento, a la privación y los turnos. "Si eres de sangre italiana es excusado que te arrimes a un british. Esa combinación no fragua. Si eres italiana, hija mía, Caterina de mis entretelas, búscate un novio italiano, todo lo más, español. La cosa con los british nunca cuaja, créeme. Llega un momento en que las diferencias se hacen insalvables."  En Londres, tarde o temprano siempre hay una gota, normalmente de lluvia, que colma el vaso. "No sabes cuánto te odio, Russell. Maldigo el día que entraste en mi vida!". "La diferencia entre tú y yo, Katty, my darling, es que yo no espero que nadie me haga feliz."



sábado, 12 de noviembre de 2016

JUVENTUD, DIVINO TESORO


        Opinaba el genial Gila que la modernidad había traído muchos adelantos, pero también no pocos atrasos, como la falta de comunicación entre padres e hijos. En su época la cosa era diferente. "Cuando yo, por ejemplo, llegaba tarde a casa, mi padre se sentaba conmigo y me decía: "la próxima vez que llegues tarde te doy una patada en la cabeza que te reviento." Y yo lo entendía. Había comunicación". Otro grande, pero que muy grande, mi nunca suficientemente venerado Louis CK, con respecto a la juventud y su inclinación al berrinche, afirma: " Lo que trato de decir es que deberías hacer tu trabajo. Porque es "tu" trabajo. Porque eres la persona encargada de hacerlo. Así que, hazlo. Hazlo de puta madre. Me pone del hígado cuando alguien tiene un trabajo que no le gusta y, como no le gusta, en vez de hacerlo de puta madre, lo hace de puta pena. Si haces una chapuza, ¿no es, en realidad, peor para ti? Yo viajo mucho. Así que necesito ayuda todo el tiempo. Cuando alquilo un coche siempre quiero otro. Voy al mostrador: "¿Me podéis dar otro coche?". El que me atiende suspira, resopla, pone los ojos en blanco:"¿Por qué?" "Porque soy un capullo, Dámelo de una vez, hostia." "¿Que tiene de malo el que le entregamos?" . "Que estoy como una cabra. Eso es lo que tiene de malo. Llevas un chaleco a juego con el edificio. Simplemente haz lo que se supone que se hace en este local.  ¿A qué viene esa actitud? ¿Sabes a qué viene? A que tienes veinte años. A eso viene. Viene a que eres un gilipollas de veinte años y no tienes ni idea de cómo funciona el mundo. Y es que crees que te mereces algo mejor. Crees que eres una persona demasiado interesante como para tener un trabajo de mierda. Cada veinteañero que me encuentro detrás de un mostrador tiene esa pinta: "Ah, este trabajo es una mierda". Exacto. Precisamente por eso te lo hemos dado a ti. Porque tienes veinte años. Lo cual es una garantía, desde un punto de vista matemático, de que no tienes ni una sola destreza, ni una sola habilidad, ni nada que ofrecer a absolutamente nadie en el mundo entero. Tienes veinte años. Durante dos décadas lo único que has hecho es gorronear. Educación. Afecto. Comida. Ipads. Venga gorronear. Y venga juzgarlo todo; "Um, sí, está bastante bien, mola" o "no, no mola", Venga seleccionar cosas  y absorber recursos de los que, ni de coña, te has hecho merecedor. Durante dos décadas! Cinco legislaturas, ese es el tiempo durante el que has sido, única y exclusivamente, un lastre. Eres como una naranja que se está pudriendo en el árbol . El árbol te da codazos para que te caigas de una vez y tú: "No me quiero ir. Me quiero quedar". Si tienes veinte años te garantizo que jamás has hecho nada por nadie. Jamás. Sí, fuiste de excursión a Guatemala y te dijeron que habías ayudado, pero te aseguro que no ayudaste en absoluto. Te dieron un pico, vale. Te hiciste una foto y la subiste a Facebook. Eso es todo lo que has hecho en veinte años".


En lo referente a los jóvenes deberíamos hacer un ejercicio de humildad; los jóvenes actuales viven sometidos a demasiada presión. El futuro que les aguarda es mucho más incierto que el nuestro. Más incierto y, seguramente, peor. Lo que nuestros jóvenes son hoy obedece también, en gran medida, a los trabajos en barro que nuestra generación ha hecho en sus tiernas cabezas. Tenemos nuestra porción de culpa, claro que sí, tanto por el mundo que les prometimos como por el mundo que les dejamos. Eso en la teoría, desde la distancia del geómetra, desde la altura del pedagogo. En la práctica, en el cuerpo a cuerpo, cuando dos genios como Gila y Louis CK pontifican como aquí hemos recogido, a uno sólo le queda apretar bien los labios, bajar la mirada y decir: Amén.






lunes, 31 de octubre de 2016

Cuidado con el sol: destiñe las prendas más delicadas.





       En Cataluña el independentismo combina dos premisas de difícil empaste. Por un lado, la zanfoña de que España vive por y para robar a Cataluña. Por otro, la apelación al  derecho a decidir del que, al parecer, goza el pueblo catalán . No entraré en si son ciertas o no estas premisas, o si se caen o no por (digamos) su propio peso. Y es que, sin ánimo de detenerme mucho, cualquier cadete en Lógica sabe que el derecho a decidir no es más que un ejemplar barato de la falacia conocida como petitio principii,  tema que, desde luego, excede en mucho el propósito de esta entrada. Lo que sí me gustaría subrayar, no obstante, es que se nos ha querido vender como la quintaesencia del espíritu democrático, la expresión pacífica de una voluntad colectiva, la voz unánime de un pueblo noble y antiguo, un pueblo fabril y honrado. Pues bien, la idea de que el antídoto contra el gusto por lo ajeno es el alma demócrata de los damnificados es tan, tan brillante que roza la genialidad.  Sólo alguien de la talla de Pep Guardiola (no el propio Pep sino alguien de su misma talla moral, uno ochenta de talla moral) la ha podido cocer en su cráneo privilegiado. Cuando una banda de albanokosovares irrumpa en el chalet de Guardiola (Dios no lo quiera), armados hasta los dientes (tampoco lo quiera el Altísimo), le aconsejaría al filósofo de Santpedor que saque su bandera de rayitas  rojigualdas y que les indique, muy civilizadamente, todo lo civilizadamente que su pasado fenicio le permita, que cesen en su latrocinio, porque su familia, miembro por miembro, haciendo uso de su derecho a decidir, ha decidido. Y su decisión es la siguiente: Basta. Que va siendo mucha hora de que los dejen en paz.








viernes, 23 de septiembre de 2016

FERMENTO (Del libro POEMAS DE TALCO de Carmen Andrade)




Fotografía de Mary Edreira



Dónde estás

te odio y te amo

te añoro

aquí

un soldado que escupe en la bayoneta

la náusea

la sangre macerada y almacenada

en el hielo del invierno


cambia mucho

trepar la muralla que nos separa de la redención

a contemplar cómo se avecina la hecatombe

lo sé

sé que  vendrán con pócimas infalibles

vendrán con fermentos para calmar este dolor

he probado almanaques de hoja caduca

cánulas de mandrágora

no

no es lo mismo

el tiempo de la agonía

que el tiempo

de las sombras que preceden a la luz

no

no estoy loca

soy un castillo inexpugnable

no soy un castillo inexpugnable

soy un ahogado lamento

no soy un ahogado lamento

soy la última posta

en el camino hacia la devastación

amor

llévame contigo.












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